El porqué de los celos

El porqué de los celos

Dr. Alejandro Di Grazia Rao

Director del Colegio Humanista de México

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¿Cuál es la variante que interviene para que una persona enamorada se convierta de pronto en un vigilante siempre alerta, que ya no se permite sentir y se dedica exclusivamente a buscar “evidencias”?

 “Los celos son una tortura ansiosa ligada a la idea de que no somos amados. Esta tortura se alimenta de toda clase de sospechas. El celoso está persuadido de que tarde o temprano será traicionado, aunque su pareja no le dé indicios”.

LA MATRIZ DE LAS RELACIONES

¿Pero qué es lo que determina que una persona sea o no celosa? ¿Qué misterioso proceso convierte a un enamorado en un vigilante siempre alerta? ¿Cuál es la variante que transforma –de un día para otro- a la novia enajenada en una detective profesional que ya no se permite sentir y se dedica pura y exclusivamente a buscar “evidencias”?.

El origen de los celos se halla en la relación con la madre. “Siendo la relación entre el niño y su madre (o la persona que la reemplace) la matriz de todas las relaciones afectivas es evidente que la experiencia de un vínculo inseguro o ambivalente en la primera infancia va a marcar la manera de amar del adulto. Si reina la inseguridad se desarrollan inquietudes con respecto a la estabilidad y la serenidad de las relaciones amorosas. Las intenciones y las lealtades de la pareja son habitualmente puestas en duda, y ningún argumento es capaz de dar seguridad. Los celos se nutren de la incertidumbre y van acompañados por permanentes dudas. El compromiso y la confianza en la relación afectiva no pueden efectuarse. Si estos dos pilares del amor no son sólidos, todo el edificio se desmorona: los sentimientos amorosos no pueden ellos solos sostener la relación en el tiempo. Los celos minan pues el amor más que favorecerlo”.

El guión de la situación de los celos implica por lo menos tres actores, y la comparación siempre va en detrimento del celoso. “¿Pero qué tiene él o ella que no tenga yo?” Como la persona se valora muy poco, siente que siempre puede ser reemplazada, y entonces los demás le parece una amenaza.

ENTRE EL AMOR Y EL MIEDO

¿Puede existir el amor de pareja sin celos? Cuando elegimos acordarle a alguien un lugar preponderante en la satisfacción de nuestras más importantes necesidades afectivas, nos decimos que amamos a esa persona. Y esa dependencia afectiva puede conducir fácilmente a los celos. Razón por la cual celos y amor son experiencias indisociables. Pero los celos no son un problema en sí mismos. No son más que el indicador de la presencia de un problema: la inseguridad. Sentimos celos por temor a perder esa fuente de importantes satisfacciones.

En realidad, se trata de una emoción como cualquier otra, ni sana ni enferma en sí misma. Su función, como la de las otras emociones, es informarnos sobre nuestros sentimientos. Lo que plantea un problema son más bien las conductas flácidas y peligrosas que se desprenden de ellos, cuando los celos dejan de ser casuales para convertirse en obsesivos, es decir, patológicos.

Cuando los celos se vuelven una obsesión, pueden dar lugar a comportamientos destructivos que sabotean los fundamentos de la relación. Y se convierten decididamente en un problema cuando acosamos con nuestras dudas y nuestros miedos a la persona que amamos. En esta instancia, los celos son ante todo el deseo de poseer completamente al otro, fusionarnos con él. Así, el vínculo se convierte en una suerte de existencia “congelada” y sin salida debido a las dos conductas que la caracterizan: el camuflaje de los sentimientos y el control de la pareja.

PAREJAS SIN SENTIDO

Claudia no sabe qué hacer con Fernando: se pregunta si él podrá “curarse”. Desde hace más de diez años, hace todo lo posible para no despertar sus celos, e intenta persuadirlo de lo equivocado de sus sospechas, pero no logra convencerlo. Él, mientras tanto, interpreta la más mínima mirada hacia un hombre como una infidelidad: si ella habla con alguien, es porque es más atractivo que él. Claudia cree que logrará calmarlo siendo prudente y demostrándole su inocencia. Por la cual vive dando explicaciones al infinitum.

Pero, aunque Claudia es rigurosamente fiel, se reprocha internamente de no amar lo suficiente a su marido. No sabe muy bien si el amor se disolvió por los celos de Fernando o más bien por las crecientes insatisfacciones de la relación. Dado que es incapaz de asumir sus frustraciones y transmitir sus necesidades, se siente culpable frente a su marido, lo que la vuelve vulnerable a sus reproches. En lugar de hablar de sus sentimientos, se esfuerza en evitar todo lo que pueda provocar los celos de él.

Por su parte, Fernando presiente que algo no anda bien con Claudia y esto contribuye a alimentar su desconfianza. Pero no puede, sin embargo, hablar del amor que necesita, de su inseguridad, de su miedo a ser abandonado, de su falta de confianza como hombre. En lugar de ello, vive controlándola, y Claudia se convierte en el blanco de su hostilidad. No se detiene a reflexionar sobre sus celos, prefiere dejarse minar por el miedo a una ruptura anunciada que hacer frente a sus dificultades, aceptarlas y/o pedir ayuda. Prefiere depositar en el otro la causa de su malestar. Si se le pregunta cuál es la solución a sus celos, es incapaz de responder, o bien tiene la fantasía de dejarla para encontrar una mujer que lo ame realmente. Una utopía.

Los dos miembros de la pareja se abstienen de comunicar lo que realmente sienten. Fernando habla de las molestas conductas de su mujer y Claudia sólo lo hace para explicarlas y justificarlas. Cada uno busca esencialmente controlar lo que vive el otro, sin poder hacerse cargo y explicitar sus propios sentimientos.

LAS TRAMPAS A EVITAR

Quien ha formado pareja con una persona celosa suele comenzar a modificar sus actitudes para no causar malestar en la relación. Para ella los siguientes consejos:

$1·       No caer en sentimientos de culpa. Los celos patológicos son ante todo un problema personal y nosotros no somos más que un “medio” para que nuestra pareja los exteriorice. Por lo tanto, no debemos cambiar nuestro modo de vida para dejarlo tranquilo, esto no lo resolverá.

$1·       Es inútil disimular la verdad. Si hemos almorzado con un colega, es preferible decirlo. Las mentiras no servirán de nada. Una persona celosa siempre desconfiará, de todos modos.

$1·       Querer ayudar a cualquier precio a nuestra pareja celosa puede hacernos sentir que podemos modificar omnipotentemente sus sentimientos. No somos su terapeuta. Si no puede controlar sus celos, debe buscar ayuda profesional.

CÓMO TRABAJAR ESTA EMOCIÓN

Reconocer que estamos sufriendo y en un primer momento no hablar aún.

$1·       Hacer una lista de las situaciones que desencadenan el ataque de celos, una vez pasadas, y en frío, describirlas.

$1·       Releerlas para ver en qué momento el sufrimiento se convirtió en insoportable, qué provoca en mí en este momento y sobre todo cuál es la realidad del perjuicio.

$1·       Invertir los roles, y preguntarse si nuestra pareja tendría motivos de estar celoso cada vez que hablamos con otras personas. Estos nos permitirá relativizar nuestra mirada.

$1·       Compartir las dudas, los miedos y los sentimientos con nuestra pareja, sin hacer una escena dramática.

$1·       Darnos un tiempo para nosotros mismos, salir con amigos cuando nuestra pareja sale con los suyos, y evitar pedirle un informe detallado de su velada cuando vuelve.

EL ORIGEN DEL PROBLEMA

                Inseguridad afectiva: las personas que no han experimentado el amor incondicional de sus padres sufren de una gran inseguridad afectiva. Tienen mucho más miedo de no ser amados y buscan reaseguros bajo todas las formas posibles.

$1·         Baja autoestima: los celosos están “persuadidos” de que van a ser abandonados en algún momento. Creen que no pueden ser amados por lo que son y que, tarde o temprano, el ser amado encontrará otro mejor. Nunca están a la altura, ni son dignos de amor.

$1·         Proyección de los propios deseos de infidelidad: la persona celosa proyecta sobre el otro su propio deseo de “tirarse una cana al aire”. Como no puede asumirlo, tiraniza a su pareja, proyectándole sus propias intenciones infieles.

LA ENVIDIA ES OTRA COSA

Frecuentemente se confunde los celos con la envidia. La envidia está vinculada a la carencia, los celos a la pérdida. En otros términos, estamos envidiosos de los bienes, del status o de las ventajas de lo que posee otro pero estamos celosos de lo que nos gustaría conservar o tememos perder. “El envidioso querría poseer lo que no tiene y otro posee, mientras que el celoso quiere ser el único propietario de lo que cree que le pertenece”. Por ejemplo. Un niño estará envidioso por el juguete que le regalaron a su hermanito pero está celoso del amor y de la atención que sus padres le brindan a él. Un hombre estará envidioso por el nuevo auto que se compró el vecino pero estará celoso si su mujer se fija en él. En la envidia, el movimiento apunta a obtener, en los celos, a retener. La primera es la motivación del conquistador, la segunda es el temor del propietario.

En resumen: las relaciones de origen sientan las bases para todas las futuras. Por eso, si no han sido satisfactorias, el camino a seguir es personal: trabajar para auto-repararse y dejar atrás el sufrimiento.

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