La ternura: un sentimiento indispensable

La ternura: un sentimiento indispensable

 

Dr. Alejandro Di Grazia Rao

Director del Colegio Humanista de México

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Desde hace diez años, se realiza en Francia el “Festival de la Ternura”: una reunión, cada vez más concurrida, en la que profesionales de toda Europa buscan mejorar los contextos sociales a través de un movimiento pacifista, ecologista y, sobre todo, afectivo.

“La ternura es el reposo de la pasión”

Joseph Joubert

 

“El camino más corto del placer a la felicidad pasa por la ternura”

Grégoire Lacroix

Rebelándose contra años de machismo, exceso de pudor y crudeza en las relaciones humanas, un grupo de terapeutas ha demostrado –a aquellos que dudaban de la importancia de la ternura tildándola de sensiblería, cursilería e, incluso, erotismo perverso- que se trata de uno de los componentes más fuertes de la naturaleza humana.

Desde hace más de diez años, se realizan en Francia las “Jornadas Ternura”, en las cuales diversos profesionales, investigadores y profesionales de las áreas de salud y de las relaciones humanas de toda Europa, comparten sus reflexiones con un público cada vez más numeroso y heterogéneo, acerca de este sentimiento tan antiguo como la humanidad y, sin embargo, tan reciente en las ciencias humanas.

LA GRANDEZA DE LA CALIDEZ

 

                En el mundo afectivo, la oposición blandura/dureza es constante. La dureza de corazón es insensibilidad, ausencia de misericordia, incapacidad de conmoverse. La aparición de un objeto determinado puede enternecer, ablandar las entrañas, “despertar los sentimientos de compasión y de ternura”.

                La ternura se define como una “actitud cariñosa y protectora hacia alguien. Su desencadenante es una cualidad de las cosas que emocionan dulcemente”. Otra definición sería: “es la dulzura hacia aquellos que se ama, y el amor de esa dulzura”. Un niño despierta ternura, y también, un adulto al que percibimos indefenso. “La ternura no es, por supuesto, amor. Es sólo dureza vencida por la pequeñez, la aspereza disuelta por la dulzura”.

                La ternura es acogedora, capaz de compasión, de benevolencia y amistad desinteresada. Se opone a dos comportamientos existenciales muy difundidos y casi siempre conectados entre sí: la dureza de corazón –entendida como barrera, rigidez, cerrazón mental- y el egocentrismo.

                “El grado de sensibilidad hacia el sufrimiento de los demás es el índice del grado de humanidad alcanzado… Lo contrario de la humanidad es la brutalidad, la incapacidad de reconocer la humanidad del prójimo, de ser sensible a sus necesidades, su situación”. La ternura mide, pues, el grado de humanidad alcanzado por el sujeto y la sociedad.

                “Lo intrínseco de la ternura es vivirla, sentirla, recibirla y brindarla. La ternura es algo que se da, que se propone al otro, sin coacciones, pero que puede reservarse, poner en espera, sin que por ello quede encerrada o bloqueada para siempre”. Durante mucho tiempo vinculé la ternura al contacto físico, al gesto dado y recibido en el encuentro de los cuerpos, en el deseo. Pero, hoy en día, tengo la certeza de que la ternura no es sólo física. Es una sensación frágil, emoción imprevisible, mirada sorprendida, ondulación secreta y fugaz, vinculada al conjunto de los sentidos. Hay en la ternura algo del correr del agua, algo muy antiguo, que viene de más allá del nacimiento, que nos remite a una primera vida bañada en la ternura líquida del universo”.

                “La ternura es un movimiento pasional del amor”, un indispensable cimiento afectivo de los vínculos humanos. Y posee tres funciones esenciales: la unificación de las dimensiones física, psíquica y afectiva; la sensación de seguridad frente, sobre todo, al miedo al abandono; y la confirmación de un existir para el otro.

                La ternura supone la existencia de dos sujetos totales. No es, pues, ni posesión o sumisión –que cosifican-, ni pasión o adicción –que amputan o fusionan fracciones de sujetos-. Toda la sutileza de la ternura tiene que ver con la “distancia justa”, pequeña pero no inexistente, que separa dos personas libres en su relación. Es una mezcla de intimidad y de respeto, de limar las asperezas, de anticipación de la presencia del otro.

                “La ternura es un diálogo poético de seres que se atraen y se quieren, que se reconocen como iguales y buscan reconciliarse con la vida en lo fundamental y lo superfluo. Es, por lo tanto, un abrazo amoroso y una caricia placentera, la mirada cómplice y el beso necesario, un sencillo apretón de manos que nos informa que el otro está presente y que se puede contar con él. La ternura es un encuentro de silencios, de reconocimientos y valoraciones, de unificación de criterios, de consensos y acuerdos, de dialécticas diferencias, de tolerancia y disculpas fraternas y sinceras, de comprensiones, compromisos y esfuerzos”.

 

“Amarte sin invadirte,

multiplicarte sin perderte,

decirte sin traicionarme,

guardarte sin poseerte,

y, así, ser yo mismo en lo más

secreto de ti”

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