La Voluntad

La voluntad

Dr. Alejandro Di Grazia Rao

Director del Colegio Humanista de México

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Una fuerza que se ejercita día a día, que se genera por decisión propia, desde la lucidez de saberse responsable del propio destino.

 No es una facilidad sino la misma inteligencia que se aplica

a dirigir la acción para salir bien del paso.

La voluntad es la facultad de querer: “el acto en potencia o la potencia en acto”. Pero no hay que confundirla con el deseo. En la base del deseo existe una potencia, una energía que es la de la Vida. Por cierto, en la voluntad de hacer algo existe un deseo, cuya satisfacción es un objetivo a alcanzar. Sin embargo, la voluntad es más que el simple deseo, es un deseo que hago mío, es un deseo con el cual me identifico y quiero realizarlo, que se ha convertido en una extensión de mí mismo. La marca del yo como poder de apropiación está inscripto en el acto voluntario.

El deseo busca la potencia de la afirmación de la vida, pero la voluntad hace de esta potencia un acto dirigido, ordenado, controlado, conforme a fines fijados de antemano. El deseo puede dispersarse en múltiples objetos. “Se pueden desear simultáneamente varias cosas contradictorias (por ejemplo, fumar y no fumar) pero no quererlas”, “porque sólo se quiere verdaderamente lo que se hace y nadie puede, al mismo tiempo, hacer y no hacer la misma cosa”. Es decir, es lo propio de un ser actuante y comprometido en la acción.

La voluntad nos impone una finalidad, un orden y una constancia: la voluntad es internacional. A menudo, la tradición occidental ha identificado al esfuerzo con la voluntad. Creemos que tener voluntad es “hacer con esfuerzo”. Y la vemos, entonces, como una lucha contra la resistencia del cuerpo. Pero es una visión superficial. Un jefe que debe firmar su renuncia no debe hacer mucho esfuerzo. Sin embargo, para la voluntad es muy duro aceptar la idea misma de la renuncia. Cuando la motivación de la voluntad es grande, somos capaces de desplegar una enorme energía y no tener conciencia del esfuerzo hecho. De todos modos, no se ha visto nunca que el esfuerzo por el esfuerzo mismo formara verdaderamente a la voluntad, ya que ésta no es física, sino espiritual en su esencia.

Razón por la cual es importante, “no confundir la experiencia de la verdadera voluntad con el sentido victoriano de la fuerza de la voluntad. Lo cierto es que mucha gente ha llamado “voluntad” a lo que en realidad era austeridad, puesto que la verdadera función de la voluntad es dirigir”.

Se trata de un yo que actúa, que tiene conciencia de lo que persigue, que delibera, decide, acciona. “Y es una determinada especie de deseo cuya satisfacción depende de nosotros. Es el poder determinado de determinarse a uno mismo”.

                Concretamente, la voloterapia o terapia de la voluntad descansa sobre cuatro aspectos para reencontrar la voluntad de la búsqueda de la felicidad:

$11.       Definir los motivos del sufrimiento.

$12.       Identificar las razones por las cuales lo aceptamos en lugar de combatirlo.

$13.       Diseñar los medios, a través de objetivos, para cambiar las cosas.

$14.       Establecer nuestros proyectos de vida.

Nuestro principal sufrimiento proviene de la incapacidad de ser nosotros mismos, de hacer coincidir la imagen que tenemos con aquella que mostramos. Razón por la cual, nos sentimos desposeídos, desposesión que denomina “vacío existencial”. Sin embargo, sólo depende de nosotros y de nuestra voluntad cambiar una vida que no nos hace felices. Probar afirmarnos, probar ser nosotros mismos, probar imponer lo que deseamos, son los principios básicos hacia los que debe tender todo ser humano cuya vida no es satisfactoria. Eso es lo que propone esta terapia.

CÓMO LLEVARLA A LA ACCIÓN

                “Una voluntad que fuera puro pensamiento, que no fuera más que representación no sería jamás una voluntad. Es necesario que ésta se traduzca en un compromiso (un compromiso del cuerpo). El cuerpo prolonga la voluntad en acto, y encarna el deseo”. “La parálisis de la voluntad se manifiesta como duda. Y una vez instalada y cuidadosamente mantenida, deja a la voluntad en un estado de incerteza que cuestiona la validez de lo que es, ahogando así de antemano la manifestación del deseo y la aparición de la esperanza. En ciertos trastornos, como la indiferencia, la persona razona tanto que cada vez actúa menos. Pesa tanto los pro y los contra en constante introspección que anula su voluntad”.

                “A pesar de muchos obstáculos, el descubrimiento de la voluntad es una experiencia elemental”. Si queremos facilitar este proceso, podemos empezar por la forma más sencilla de todas: descubrir o reforzar nuestra voluntad haciendo uso de ella. En todo momento se nos ofrece esta oportunidad; si lo vemos así, la vida se convierte en un laboratorio para  desarrollar y experimentar nuestra voluntad. Aquí hay algunas fórmulas –se pueden inventar muchas más- para activar en diversas situaciones de la vida diaria:

$1·         Haga algo que no haya hecho nunca.

$1·         Tenga una actuación.

$1·         Trace un plan y sígalo.

$1·         Quédese haciendo lo que hace durante cinco minutos más, aunque esté cansado.

$1·         Haga algo con mucha lentitud.

$1·         Diga “no” cuando tenga que decir “no”, aunque sea más fácil decir “si”.

$1·         Haga lo que crea que es más importante.

$1·         Cuando se le presente una elección intrascendente, decida sin vacilar.

$1·         Actúe de forma contraria a lo esperado.

$1·         Actúe sin pensar en lo que los demás puedan pensar o decir.

$1·         Conténgase de decir algo que tenga ganas de decir.

$1·         Deje para más tarde algo que desee hacer ahora.

$1·         Haga en estos momentos algo que preferiría dejar para después.

$1·         Haga un mismo ejercicio todos los días durante un mes, aunque le parezca inútil.

$1·         Elimine de su vida cualquier cosa superflua.

$1·         Rompa un hábito.

$1·         Haga algo por lo que se sienta inseguro.

$1·         Haga algo poniendo en ello toda su atención, como si fuese la última vez.

Cualquier acción se puede convertir en un ejercicio de la voluntad, siempre que no se haga por costumbre o se considere una obligación. Así se pone en marcha un proceso en “cadena”. Una vez descubierta nuestra voluntad, podemos seguir realizando más actos de voluntad. De este modo vamos aumentando nuestra capacidad de voluntad, lo que nos permite seguir desarrollándola.

LAS 6 ETAPAS DE UN ACTO VOLUNTARIO

$11.       Determinación del objetivo y de su motivación (¿por qué agredo esta acción?).

$12.       Deliberación (¿es posible? ¿Cuáles son las alternativas? ¿Y sus consecuencias?).

$13.       Decisión (¿a qué debo renunciar para tener éxito?).

$14.       Afirmación (¿cómo reforzar mi decisión?).

$15.       Programación (¿de qué medios dispongo? ¿Qué ayudas están a mi disposición? ¿Qué debo hacer?).

$16.       Dirección de la ejecución (¿cómo comenzar? ¿Qué medios debo utilizar si encuentro un obstáculo?)

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PARA CONTROLAR LAS EMOCIONES

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Si bien es cierto que la voluntad no puede actuar directamente sobre las emociones, podemos utilizarla indirectamente. Por ejemplo, cuando estamos deprimidos, con un acto de voluntad podemos desplazar el foco de atención: hacer gimnasia, leer un libro, caminar, es decir, poner el acento sobre otras actividades que no sea el objeto de nuestra depresión.

No se debe creer que ésta es una receta de nuestras abuelas: “Ve a dar una vuelta y ya se te pasará”. Por el contrario, es una función fundamental de nuestro psiquismo: la capacidad de desplazar como queremos nuestra atención en lugar de dejarla a merced del azar o las obsesiones. Prestar atención a algo significa nutrirlo y cultivarlo. No prestársela es dejarlo morir. Si seguimos este simple principio, descubriremos la capacidad de recrear todo nuestro mundo interior. La voluntad es, en efecto, la facultad más próxima al “yo”. Con un acto de la voluntad, acentuaremos nuestro “yo”, nuestro “centro” y disminuiremos la intensidad de las emociones negativas.

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