Felicidad: la búsqueda del tesoro

Felicidad: la búsqueda del tesoro

Dr. Alejandro Di Grazia Rao
Director del Colegio Humanista de México
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¿Dónde está? ¿Quién la tiene? ¿Cuánto cuesta?... Nuestra vorágine consumista nos empuja hacia fuera, pero no hay que correr más rápido para encontrar el tesoro, sino aprender a descubrirlo en nuestro interior.

Desde la antigüedad ya existían tratados sobre la felicidad. "Crees que serás feliz cuando obtengas lo que deseas. Te equivocas. Cuando lo poseas, tendrás las mismas preocupaciones, las mismas penas, los mismos miedos, los mismos deseos. La felicidad no consiste en adquirir y gozar, sino en no desear".

La búsqueda de la felicidad ha sido y es una constante en la historia de la humanidad y en la vida de todo ser humano. Como muchos de los temas más profundos de nuestras vidas, todos tenemos una noción interna sobre qué es el "Éxito", la "Justicia" o la "Solidaridad", pero nos parece muy difícil explicarlo. Lo mismo ocurre al pensar en "La Felicidad".

Es fácil confundir la felicidad con el bienestar. Tendemos a equivocar el sentido de los bienes materiales en nuestras vidas, creyendo que nos darán la felicidad tan anhelada. Las cosas materiales nos procuran evidentemente bienestar: es más cómodo viajar en un auto nuevo que en un transporte público, es agradable tener abrigo cuando hace frío, es necesario tener algo que comer. Pero ese bienestar sólo en parte tiene que ver con la felicidad. Muchos son los que tienen sus necesidades básicas satisfechas y, sin embargo, no se sienten felices.

"Hoy, para mucha gente, la felicidad ha quedado reducida a tres cosas: bienestar, nivel de vida y seguridad. Cada una de ellas tiene su propio perímetro. El bienestar por sí mismo no da la felicidad: tener lo suficiente es una rampa de salida, positiva, adecuada, pero ahí no está la clave. El nivel de vida tiene un valor indudable, pero es mucha la gente que con esta premisa cubierta no es feliz. La seguridad en la existencia humana siempre es relativa y uno está a merced de los vientos exteriores que pueden cambiar las condiciones personales y un golpe negativo de fortuna le da un vuelco a la vida propia, en cuestión de horas".

UNA CLASE POPULAR
No existe la felicidad absoluta y permanente, pero sí la que cada uno de nosotros –según el carácter, herencia, experiencia, aptitudes y actitudes- se va forjando en el día a día. La felicidad está en relación directa con las emociones positivas y, en particular, con el sentido que le demos a nuestra vida.

La felicidad no consistiría, entonces, únicamente en experimentar el mayor número posible de gratificaciones, sean materiales o espirituales, sino en la idea de que estamos caminando hacia el logro de nuestros objetivos, metas e ideales. No es una línea recta ascendente y sin dificultades, contratiempos y crisis. Por el contrario, para ser feliz hay que sentir el desafío y la valentía de ir superando con coraje los obstáculos de la vida. "Para conseguir la felicidad duradera, tenemos que disfrutar del trayecto hacia un destino que consideramos muy valioso. La felicidad no consiste en llegar a la punta de la montaña, ni tampoco en ascender sin rumbo fijo hacia ella; la felicidad es la experiencia de subir hacia la cumbre".

Ser feliz, entonces, no es sólo un estado de ánimo, es además una actitud mental constante. La felicidad confiere, a quien la disfruta, la sensación de autorrealización y plenitud para con uno mismo y los elementos del entorno circundante, ya sea éste físico o simbólico. Se caracteriza por la presencia de sentimientos de agradecimiento, sosiego interno, satisfacción, bienestar, seguridad, esperanza y afecto hacia nosotros mismos y hacia los demás. El manto de la felicidad está tejido con las hebras de la espiritualidad.

SENSACIÓN CONSCIENTE

Se caracteriza a la felicidad como:
• Tener un sentimiento de ligereza y optimismo.
• Sentirse vivo, vital, lleno de energía.
• Tener la sensación de que todo fluye, de apertura.
• Sentir amor y compasión por uno mismo y por los demás.
• Sentir pasión por la vida y que ésta tiene un propósito.
• Sentir gratitud, perdonar.
• Estar en paz con la vida.
• Vivir plenamente el momento.
Los peores enemigos de la dicha son:
• Quejarse: compadecerse de uno mismo; tratar de que nos tengan lástima; hacerse el "mártir" o dar en exceso son pistas indiscutibles de que estamos actuando como Jeremías ("todo me sale mal"). El lema es ¡Pobre de mí!
• Echar la culpa a alguien o algo: poner excusas por las circunstancias o culpar a otros de nuestro dolor o nuestros problemas nos debilita, nos priva del poder y la energía necesarios para lidiar con la situación. El lema es ¡No es culpa mía!
• Avergonzarse: cuando sentimos vergüenza por las cosas que nos han ocurrido o nos sentimos culpables por algo que hemos hecho (o dejado de hacer), a menudo tratamos de suprimir el dolor o enterrar esos sentimientos incómodos en lo más profundo de nuestro interior y, al hacerlo, gastamos mucha energía y bloqueamos la felicidad. El lema es " ¡Todo es culpa mía!".

La felicidad no es la falta de problemas o la ausencia de dificultades. ¿Se puede ser feliz en medio de un torbellino? Sí, porque la felicidad no es algo que esté necesariamente fuera de nosotros. El primer sitio donde debemos encontrarla es en nuestro interior. Es muy difícil ser feliz con una actitud de resentimiento o de enojo hacia la vida. Tampoco se puede selo si depositamos nuestro corazón en cosas materiales o en las personas equivocadas.

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