¿Enamorados o dependientes afectivos?

¿Enamorados o dependientes afectivos?

Dr. Alejandro Di Grazia Rao

Director del Colegio Humanista de México

Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

Ni contigo, ni sin ti. ¿Cuántos somos los que hemos sucumbido a un amor que nos hace daño? En el que utilizamos al otro para olvidarnos de nosotros mismos.

Elisa -35 años, diseñadora- es muy apreciada en su trabajo por su creatividad y estilo de comunicación: una sabia mezcla de flexibilidad y de determinación. En su vida amorosa, por el contrario, la enérgica mujer muta en una criatura pasiva. Es incapaz de afirmarse, y si lo hace, lo lamenta durante días: tiene demasiado miedo a ser abandonada. Siempre le dicen que “es demasiado buena” con su pareja. En realidad, tiene tan poca confianza en ella misma que cuando encuentra un hombre –aunque sea un machista indomable o un gran egoísta- se dice: “He aquí uno que se interesa por mí, tirémonos al agua enseguida, oportunidades como esta no abundan”. Naturalmente va de decepción en decepción, y termina por romper, para reproducir la misma historia una y otra vez.

Elisa forma parte de esas personas dependientes afectivas. Nuestra cultura nos enseña a venerar el gran amor, a glorificar los amantes que mueren de amor. Pero, en la vida cotidiana, el amor devorador, compulsivo, destruye psíquicamente a aquellos que sucumben a la confusión entre el amor adulto y la dependencia afectiva.

UN AMO A SUS PIES

 “Mi madre me contó que cuando nací había estado muy decepcionada porque era bastante feúcha, y mi padre también, porque no era varón –confiera María Elena, docente de 42 años, con bastante pesar-. Desde chica, puse a los hombres en un pedestal… De jovencita, cada vez que me enamoraba esperaba que ese alguien se ocupara de mí por el resto de mi vida, todo porque me había acostado con él. Cuando rompí con Juan no pude ir a trabajar durante una semana. Teníamos relaciones sexuales cuando él quería, nunca cuando yo las deseaba; le parecía normal frecuentar otras mujeres… Sufría, por supuesto, pero siempre encontraba alguna excusa para perdonarlo y creía que era mi culpa, porque yo no era deseable”.

En materia de sentimientos, no se puede establecer normar generales. Dependen de las experiencias vividas a partir de la historia personal, de las expectativas. Sin embargo, a partir de cierto umbral de sufrimiento, la cuestión de lo patológico se plantea. Son los casos en los que el encuentro con una pareja nos conduce a dejar de ser nosotros mismos para transformarnos en una especie de alfombrilla, hasta el punto de aceptar todo, inclusive aquello que consideramos intolerable cuando volvemos a tener un poco de la lucidez perdida.

Se habla habitualmente de “dependencia afectiva” cuando las necesidades de una persona son urgentes, intensas, debido a la intensidad de la carencia que quiere colmar. A la larga, la búsqueda de otro que pueda satisfacer la demanda de afecto se convierte en algo estéril, incluso destructivo, porque se apoya sobre medios inadecuados. No es la necesidad del otro, ni el hecho de elegir personas poco adecuadas, el verdadero problema: la búsqueda de amor, de reconocimiento es algo inherente al ser humano. Lo que está en el corazón de la dependencia afectiva, lo que la convierte en un comportamiento patológico es que el dependiente afectivo no se hace cargo realmente de sus deseos y de sus emociones.

La persona dependiente hace todo lo posible para obtener amor y da la impresión de hacerse cargo de dicha necesidad. Se pone al servicio del otro, se sacrifica en nombre del amor, reniega de lo que siente para no molestarlo. Más aún: le dice claramente que quiere que la ame y se lo prueba de miles de maneras. Pero lo que subyace es una profunda angustia o ansiedad, que la lleva a creer que sólo el amor del otro la apaciguará y hará que su vida sea más placentera.

 “Hay tres características que sintetizan los principales síntomas de comportamiento del adicto al amor:

       Asignan una cantidad de tiempo desproporcionada, una atención y un valor por encima de sí mismo a la persona a la que son adictos, y esa forma de centrar la atención tiene a menudo una cualidad obsesiva.

       Tienen expectativas irreales por lo que se refiere a la consideración positiva incondicional de la otra persona que forma parte de la relación.

      Dejan de cuidarse o valorarse a sí mismos mientras están en la relación”.

 

MIEDO AL ABANDONO Y A LA INTIMIDAD

                Los adictos al amor se sienten atrapados por dos temores principales: el abandono y la intimidad. Estos dos temores hacen surgir el dilema agónico y autoderrotador. Conscientemente desean la intimidad, pero no pueden tolerar una cercanía saludable, de modo que eligen inconscientemente a una pareja que sea incapaz de intimar de una forma saludable.

                “Mi pareja me decía siempre: “No sé si todavía te quiero”. Y hace poco me pidió un tiempo para pensar (un mes sin vernos). Pero me llamó 15 días más tarde, con cualquier pretexto para venir a mi casa como amigo (así me dijo). Nos acostamos, él tenía tantas ganas que sucumbí. Pero volvió con lo mismo, que no sabía si me quería, que necesitaba tiempo, salir con sus amigos. Para esto, yo dejé todo de lado por él: mi familia, mis amigas, para estar a su disposición. Estaba tan contenta de gustarle…”

                Los dependientes afectivos aman como los bulímicos comen: con voracidad. Manifiestan una suerte de canibalismo en el cual el otro, aunque sea idolatrado, no cuenta en tanto individuo real con sus necesidades y deseos. No es visto en toda su realidad, ya que es “convocado” sobre todo para colmar las carencias y saciar una sed absoluta de idealización.

                El dependiente afectivo busca un ídolo frente al cual su “yo” se desvanezca. En este intento de incorporarse dentro de la pareja, intenta olvidarse de sí mismo, o, más aún, olvidarse de su estado depresivo crónico. El otro es su droga, su estimulante, su proveedor de delicias y simultáneamente su infierno.

LA DECISIÓN DE CAMBIAR

                Decidir y perseverar en la voluntad de cambio suele ser el aspecto más difícil de la recuperación de los dependientes afectivos.

$·         Aceptarse a sí mismo con adicción incluida: eres quien eres. Puedes no estar muy satisfecho contigo mismo por “amar demasiado”. Con todo, sigues siendo merecedor de amor y respeto por parte de ti mismo (lo primero de todo) y de los demás. Y lo más importante, debes aceptar y aprobar tu deseo de cambiar y madurar.

$·         Enfrentarse con los aspectos indeseables de la propia conducta: para cambiar debes ser consciente de que tus formas de pensar y conducir no son las adecuadas. Debes tener la voluntad de “desaprenderlas” y “aprender” otras más satisfactorias.

$·         Asumir las responsabilidades del propio valor: puede ser que temporalmente la otra persona te haga sentir bien contigo misma. Pero cuando su amor te abandone, también los sentimientos de auto valoración. Al decidirte por el cambio, desechas depender de los sentimientos de otro en lo que se refiere al concepto que tienes de ti mismo.

SEÑALES PARTICULARES

La identidad de la persona dependiente está perturbada de diversos modos:

$·         Tiene dificultades en tomar decisiones. Su inseguridad la hace dudar, tergiversar, volverse atrás.

$·         Suele no asumir sus responsabilidades. Debido a sus miedos, quisiera que los otros actúen por ella.

$·         Por temor a perder el afecto o la aprobación, no puede sostener sus convicciones, ni sus opiniones.

$·         Sólo le preocupa la mirada de los otros, la cual determina su conducta, razón por la cual tiende a enmascarar su verdadera personalidad.

$·         Sus emociones la dominan: pasa de un extremo al otro, sin razón aparente. Le cuesta tener reacciones modernas: es excesivamente tanto en la alegría como en la tristeza, en la dulzura como en la cólera.

$·         Si bien se deja manipular y abusar, también manipula a los demás, cuando quiere conseguir a todo precio lo que desea.

¡¡¡ESCÚCHANOS!!!:

$       Todos los martes de 11:00 a.m. a 12:00 p.m. y también todos los jueves de 07:30 p.m. a 08:30 p.m.

$         Por Radio Huamantla 106.9 FM y 810 AM

$         http://www.radiohuamantla.net

          Teléfono para recibir wsp y/o mjs : (044 246) 162 45 22